sábado, 28 de abril de 2007

soledad y estrellas

Cuentan que un hombre vivía en una gran ciudad. Tuvo una infancia que muchos niños hubieran envidiado, pero durante toda su vida se sintió solo. No de forma permanente, entendedme. Hubo muy buenos momentos, siempre los hay. Pero si hiciésemos balance, veríamos que durante la mayor parte de su vida, su sentimiento predominante fueel vacío. El no sentir nada. Y hubo momentos en los que su soledad se difuminaba... desaparecía por completo en el contacto con unos seres especiales, de unas personas muy especiales. Y otros en los que una tristeza absoluta le invadía. A veces, en estos momentos, recordaba aquellos oasis de felicidad, y sutristeza adquiría tintes agridulces, con el placer de revivir esos destellos, y la amrgura de saber que su vida sería como una oscura noche con sólo unas estrellas, luminosas, pero insuficientes para transformar la noche en día, y sabiendo que el amanecer nunca llegaría. Si acaso, la luna podría cambiar de vez en cuando, y llegar a un luminoso plenilunio. Siempre queda algo de esperanza, momentos en los que está permitido creer que llegará el alba, pero son momentos cada vez más escasos. Llegará el día en que no habrá nuevas estrellas y el recuerdo de las antiguas cada vez quede más difuminado... hasta que la única esperanza que quede sea que termine esa noche, no ya para dar paso al día, sino para desaparecer en la más absoluta de las nadas